VIVIENDO EN EL PARAISO

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A veces somos felices y ni nos damos cuenta de ello. Así pasa también con los lugares en donde vivimos, no sabemos ni lo que tenemos.

Recuerdo que hace años, tenía que regresar de Venezuela hacia Europa. El día anterior, había perdido el vuelo desde San Antonio, una población cercana a la frontera Venezolana-Colombiana. Sin embargo, había logrado cambiar el pasaje para el día siguiente, aunque en esa ocasión saldría desde un aeropuerto civil-militar desde la Fría que me obligaría pasar por la selva.

Cuando me dirigía al aeropuerto, me sorprendió ver el paisaje que había a ambos lados de la carretera. En mis días en Venezuela, nadie me había hablado de la belleza de ese lugar que quedaba tan cercano y al que me gustaría haber ido. Me di cuenta que a la mayoría de allí, les parecía tan habitual ver un sitio así, que ni le prestaban atención. Como a los que viven en un desierto cuando ven sus impresionantes amaneceres o la indiferencia de muchos de los que vivimos en ciudades históricas, cuando caminamos por sus calles cargadas de pasado.

Recuerdo que nos detuvimos para hacer un descanso. Yo estaba todavía boquiabierto por la riqueza de la naturaleza, su frondosidad y su variedad. Había arboles que parecía que tenían barba, helechos gigantes, flores de todos los colores mas grandes que mi mano y un sin fin de vegetación diferente. Me parecía que estaba en un viaje a la prehistoria y que un dinosaurio saldría en cualquier momento de la vegetación para decirme que era su comida.

Me di la vuelta para decirle a la persona que me llevaba al aeropuerto, lo impresionante que me parecía el paisaje y mis emociones al verlo, cuando me di de frente con lo que él sentía por ese lugar.

Lo encontré, ¡Meando con total desdén en el puñetero PARAISO!.

Hoy os pongo una foto que a mi me encanta. La hicieron en uno de esos lugares de los que os hablo. Es una playa de Nueva Zelanda, que tiene unas estructuras naturales en forma circular que hicieron soñar a los antepasados de la Isla.

Dice la leyenda que son las calabazas que traían en sus canoas, los primeros pobladores de la isla. La ciencia dice que son rocas que fueron acumulando sedimentos a lo largo de tanto tiempo, que nosotros ni podemos imaginar, en un proceso similar al de la formación de las perlas.

A pesar de esta explicación tan convincente, yo quiero seguir pensando en que esas rocas son calabazas o perlas, de los primeros pobladores que buscaban un mundo mejor.

MANCROW

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