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ROY SULLIVAN, EL HOMBRE PARARRAYOS

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Me pregunto si existe la suerte entendida como un acontecimiento casual, o el destino, como algo marcado en nuestra vida y que no se puede cambiar bajo ninguna circunstancia. Para los que tenemos una cultura judeo-cristiana, nos cuesta creer en eso, ya que según nuestra tradición, somos dueños de nuestro propio destino, de nuestras virtudes o de nuestros pecados, víctimas de la desdicha o afortunados de obtener la felicidad.

Sin embargo, existen personas que parecen romper todos los límites de la realidad y de nuestra creencias, cuyos sucesos a lo largo de sus vidas parecen confirmar que han sido tocados por una invisible varita mágica que los convierte en seres únicos, casi a la altura de los semidioses o de los superhéroes.

Roy Sullivan es de esas raras personas que desafían cualquier probabilidad estadística. Por lo pronto, parece que tenía 7 vidas como los gatos, ya que a lo largo de su vida que comenzó en 1912 recibió 7 rayos, sin que estos lo mataran. Nació el 7 de febrero a las 7 horas de la tarde. Con esos datos, le pueden hacer sospechar a mas de uno que estaba predestinado a que el 7 fuese su número de la “suerte”.

Para poder comprobar algunos de esos impactos, puedes visitar los museos del libro Guiness de los récords en Nueva York o en Carolina del Sur, en donde se conservan dos de los sombreros utilizados por el señor Sullivan durante sus encontronazos eléctricos.

Tengo que comentaros, que las posibilidad de que te caigan dos rayos a lo largo de tu vida, son tan remotas como que te toque la lotería, imagínate 7, la probabilidad de que eso suceda es uno entre un 16 seguido de 24 ceros, es decir, una cifra impronunciable.

La primera vez que recibió un “chispazo” fue trabajando en el campo mientras ayudaba a su padre a segar.

A partir de los 23 años, trabajó como guardabosques durante 35 años de su vida. En 1942, en una de esas estaciones de vigilancia del Parque Nacional Shenandoah en Virginia, recibiría el primer rayo que le haría perder la uña del dedo gordo de uno de sus pies.

Tuvo que esperar hasta 1969, para admitir un segundo rayo que le quemó las cejas además de quedar inconsciente. En ese momento, se encontraba conduciendo un pick up descapotable por la montaña.

Como no hay dos sin tres, en 1970 el rayo vino a buscarlo a la puerta de su casa quemándole el hombro izquierdo.
En 1972 fue en el puesto de vigilancia donde le golpearía un cuarto relámpago quemándole el pelo. Lo apagaría vertiendo un cubo de agua sobre su cabeza.

El quinto le cayó en 1973 mientras conducía un jeep, lanzándolo fuera del vehículo. Nuevamente le quemaría el pelo de la cabeza tras atravesarle el sombrero. En esa ocasión, disponía de una cantimplora con agua, que le ayudaría a extinguir el fuego de su cabello.

El sexto, trato de evitarlo inútilmente en el año 1974 mientras paseaba con su esposa. Al ver una nube negra que se cernía sobre su cabeza y sabiendo que era un blanco perfecto para los rayos, corrió para evitar que le hiciera daño también a su mujer. Como no podía ser de otra manera, este lo alcanzó y en esta ocasión le dañó el tobillo.

En 1977 recibiría el séptimo mientras pescaba en un lago. Roy Sullivan sería enviado a un hospital para que le trataran sus quemaduras en pecho y abdomen.

A la postre, este último impacto lo introdujo en un lugar destacado del Libro Guinnes de los Récords. En este apartado, no me negareis que dejó el listón muy alto, al tratarse de una hazaña indeseada difícil de sobrepasar.

Como ya sabréis, el Libro Guiness precisa confirmar los hechos y de estos sucesos dejo testimonio el superintendente del parque Nacional de Shenandoah, siendo posteriormente corroborados por los servios médicos.

También os puedo asegurar, que cuando la gente lo veía venir por el campo abierto, se escapaban de él como de la peste. Eso cambió su carácter, convirtiéndolo finalmente en un viejo cascarrabias.

Pero el último rayo que vería, no le cayo a él directamente, sino a su mujer mientras esta colgaba la ropa en un tendal. Visto lo visto y completamente asustada, decidió poner tierra de por medio entre ella y su marido y lo abandonó.

Sullivan calló en un terrible depresión que le incitó al suicidio. Como sabía que un rayo no lo mataría, se pegó un tiro en el estomago que lo mandaría al mas allá en el año 1983.

Pero aun sucedería algo inaudito. Quizás por la rabia acumulada por su incapacidad para dañarlo o simplemente por esos caprichos del azar incomprensibles para el hombre, un nuevo rayo volvería a aparecer en su vida o mas bien en su muerte, ya que este caería a modo de despedida sobre su tumba.

MANCROW

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