Hada

LA ÚLTIMA HADA

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Ese lugar no aparece en los mapas y aunque rebusques en los viejos libros en donde hablan de extraños mundos y criaturas que parecen imposibles, no lo encontrarás. Es por tanto difícil precisar su ubicación, pero si lo buscas con los ojos adecuados y caminas durante dos horas hacia el norte desde Santiago de Compostela, en fatigosa caminata entre la espesura de la vegetación y después de varias rozaduras, el aguijoneo de algún mosquito hambriento y el cantar dulzón de las aves que lo pueblan, es probable que te topes con él. Los que han estado allí, dicen que si recorres dicho trayecto al atardecer, cuando se aproxima la hora azul y el entorno se pone de un color azulado tirando a violeta, posiblemente lo encuentres con mayor facilidad.

Unos helechos del tamaño de una persona adulta, una cascada que cae energía sobre un río cubierto en gran parte por los nenúfares y el cantar alborotado de la multitud de animales que se encuentran entre la vegetación, es indicativo de que has llegado a tu destino. Aunque son muchos, no es fácil encontrar a sus habitantes. Cuando una persona se aproxima, ellos se esconden. Una piedra o un arbusto, son suficientes para ocultarse a los ojos de los hombres. Pero cuando están solos, pierden la timidez y coexisten en completa cordialidad animales que en otro lugar sería imposible que convivieran.

En ese mundo que parece de ensoñación, habita la protagonista de este relato. Es la única hada que encontrarás, ya que no queda otra de su especie. La última que desapareció, se desvaneció mientras agarraba la mano de su compañera, a la vez que la miraba llorando desesperada, sin entender porque su cuerpo se iba haciendo invisible hasta evaporarse completamente. Para entonces las hadas, no sabían que morían cada vez que un niño dejaba de creer en ellas.

Eso no amilano a nuestra criatura, que con su vuelo grácil, recorría el espacio que la separaba del resto de animales para susurrarles palabras que les permitieran vivir en armonía con los demás. En otras ocasiones, únicamente el olor que desprendía, era suficiente para crear un ambiente narcótico que sosegaba la ira de los animales mas salvajes. A veces, cuando el viento del norte soplaba sobre ese paraíso, la brisa arrastraba el aroma a la ciudad, acariciando los corazones doloridos por el amor o la desdicha.

Un día entre la frondosidad, surgieron varias figuras. Eran unos niños, que llevados por la curiosidad exploradora de la juventud y por esos ojos que siempre buscan lo que para los adultos es irreal, se encontraron de repente con ese edén. Boquiabiertos, no pudieron contener su emoción y con gritos trataban de sofocar sus corazones agitados por la alegría. Los animales completamente intimidades se escondieron. En su refugio, avisaban al resto de sus compañeros con sus mensajes repetitivos de la cercanía de los humanos. El oso y el lobo que no se amedrentaban fácilmente, pronto quisieron terciar para expulsar a los invasores. Fue precisa la intervención de la hada, para hacerles entendre que había sitio para todos.

Mientras los otros jugaban, el mas valiente de los muchachos se quitó la ropa y se zambulló en el río. Tras varios chapoteos, se tumbó sobre el agua manteniéndose quieto y dejo que esta le hiciera flotar. El sol que brillaba en el cielo le cerró los ojos. La sensación de levitación, el sonido relajante que se escucha bajo el agua y los destellos que se sienten en los párpados al colarse la luz del sol entre las hojas de los arboles, le hicieron soñar que en un lugar tan hermoso, sin duda tenía que vivir un hada.

Y así sucedió todos los fines de semana, hasta que el verano se terminó y ellos nunca mas aparecieron. Esto lo agradecieron la mayoría de animales, que volvieron a su rutina diaria. Pasó el tiempo sin demasiados contratiempos, hasta que un día sucedió algo que jamás esperarían. El caudal del agua disminuyó hasta que el río se secó completamente.

Los animales se alimentan de las plantas y estas a su vez de sustancias invisibles al ojo humano. Cuando un ser vive muere, otros organismos los descomponen hasta tal punto, que el resultante sirve de nutriente a los vegetales. Es un circulo, es el ciclo de la vida, una cadena en donde la ruptura de uno de sus eslabones, afecta al ecosistema hasta destruirlo, generando la muerte. Cruel pero real. La vida no es fácil para nadie y tiene sus contratiempos, incluso para las hadas.

No podía perder más tiempo, pronto no quedaría ningún animal vivo. Después de muchos años, tendría que salir de nuevo de su refugio y descubrir el origen del problema.

Sin demora, remontó el curso del río, volando velozmente mientras esquivaba los obstáculos que se le presentaban. Aquellos infranqueables, eran también sobrepasados gracias a que la naturaleza animada e inanimada le ayudaban apartándolos. Los lobos y los osos la franqueaban, evitando que cualquiera se interpusiera en el camino de la reina del bosque. Porque cuando hay problemas, todos trabajan en conjunto olvidando viejas rencillas.

Tras remontar varios kilómetros, desolada descubrió el causante del daño sobre su paraíso. De nuevo el hombre y sus construcciones. Delante de ella a medio construir, había una presa que retenía el agua.

A 10 millas del lugar, Jacinto, el alcalde de la ciudad, se despertó sobresaltado de su cama. Algo habitual en él desde hacía años. Las malditas pesadillas que lo perseguían todas las noches no le dejaban descansar como quisiera. Eran las 5 de la mañana y ya se tenía que levantar para viajar a la presa. Desde que se empezó a construir, los indios que trabajaban en ella no creaban mas que problemas, pero ahora se habían parado negándose a continuar.

Al llegar allí, le esperaba el jefe de la tribu secundado por todos sus hombres. Al pedirle explicaciones, el indio le dijo que la naturaleza no quería el embalse. Los lobos atacaban por las noches, los osos robaban la comida durante el día y el viento arreciaba tan fuerte, que traía consigo una atmósfera opresora que generaba miedo en su pueblo. Además, les habían prometido prosperidad y a la vista del resultado, preferían quedarse como estaban.

Fue imposible convencerlos, ni siquiera cuando Jacinto perdiendo los papeles, les gritó enfurecido. Esa tarde ya mas calmado, descendió por el antiguo curso del río y descubrió con sus propios ojos los efectos de la obra.

Aunque la represa no era competencia suya sino del estado, a la mañana siguiente llamó a los técnicos del ayuntamiento a los que regaño por su incompetencia al permitir que eso sucediera y no haberle avisado antes. Después los citó con profesores de la universidad para buscar soluciones. A su vez revisó los gastos de la construcción y descubrió múltiples irregularidades entre las que estaba el haber gastado el doble de la inversión presupuestada, lo que hacía presagiar un nuevo caso de corrupción, por lo que presentó una queja ante el ministerio correspondiente. Esa noche no pudo dormir ni un minuto.

Mientras tanto en el embalse, nada era convencional. Sucedían cosas difíciles de explicar. Los trabajadores comentaban que las herramientas cambiaban de sitio. Donde debería estar el martillo, estaba la llave inglesa y cuando buscaban una caja de tornillos, encontraban una de arandelas. Para colmo, la esclusa de la presa, se abría arrojando agua al río sin que nadie la activara. Parecía como si un ser invisible estuviera entre ellos para dificultar su trabajo.

Próximo a ese lugar, una llamada recibida por Jacinto lo saco de su letargo provocado por el insomnio. Ya había una solución al problema. La necesidad de agua de la ciudad, sería resuelta por sistemas de depuración de la misma, que las tratarían para después ser utilizadas en regadíos y edificios públicos, a excepción del agua para consumo. Y la electricidad que generaría la central hidráulica, se generaría con un parque eólico que se situaría en un lugar que no afectara a las aves migratorias. Sin embargo, quedaba algo por realizar muy importante. El sistema corrupto, le impidió paralizar la construcción de la represa hidráulica. Aunque nunca fue partidario de la fuerza, ahora sentía que tenía que hace una excepción.

Una llamada a un cuartel militar y un soborno, le sirvieron para conseguir el material necesario. Estaba utilizando el propio sistema corrupto, para destruirlo.

Esa noche Jacinto condujo hasta el embalse y al llegar allí, tras revisar que nadie había cerca al que le pudiera hacer daño, colocó en la base de la presa los explosivos que le había comprado a los militares. Esa era la ubicación en donde le habían dicho que la construcción era mas vulnerable. Se subió en una colina y desde allí contemplo la explosión y como el agua salió despedida buscando el curso del río para inundarlo.

Al llegar a casa, Jacinto agotado, se acostó en su cama, sin saber que un ser invisible para sus ojos lo estaba esperando. Era la hada, que al verlo, revoloteó a su alrededor antes de irse. El aire generado por el movimiento de las alas, lo sintió Jacinto como un bálsamo. Era la manera que tenía la reina del bosque de agradecerle todo lo que había hecho.

Esa noche después de muchos años, por fin pudo dormir placidamente. Se sintió como aquellos días de su niñez en los que iba al río a bañarse y acostado sobre el agua mientras le daba el Sol, se encontraba feliz pensando que en aquel lugar, seguro que existía algún hada.

MANCROW

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2 comentarios en “LA ÚLTIMA HADA

    1. Me alegra muchísimo Adela, yo hago relatos de vez en cuando. Ya publique bastantes y tengo un buen número en mi cabeza, sólo me falta escribirlos. Espero ir publicándolos en no mucho tiempo. A mi también me encantan las hadas. Un fuerte abrazo y gracias por escribirme

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