LA PRUEBA DEL CORAZÓN

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Los golpes siempre son inoportunos, pero muchas veces vienen de manera inesperada, en el peor momento.

Cuando se estrelló en la curva antes de entrar en la ciudad, con su flamante moto y sin el casco que quizás cambiaría esta historia, conmocionó a toda la ciudad. Era un hombre elegante, joven, de familia adinerada y se había convertido en uno de los mejores doctores de la ciudad. Una joya en un mar de mediocridad. No le faltaban pretendientas que quisieran robarle el corazón, pero ya lo tenia atrapado. En la dulce prisión del amor. Elena era la afortunada carcelera, la persona con la que quería pasar el resto de sus días.

Ahora ella, esperaba paciente y en silencio, sentada en una de las incomodas sillas del hospital. Pronto recibiría el nuevo parte médico. Ya habían pasado 6 meses desde el fatal accidente. Marcos, como así se llamaba, se dirigía a su encuentro. Habían quedado para comer juntos en uno de los románticos restaurantes del centro de la ciudad. Pero esa maldita curva, lo había cambiado todo. Pensó en eso, en que la vida, puede cambiar en un instante, en un descuido, en menos de lo que lleva un suspiro.

La muerte, siempre esta acechando, omnipresente. Allá donde estés, observa paciente, confiando en que tu cuerpo cometa un error, el último despiste fatal. Rondando como un animal carroñero, esperando que la vida se te vaya y en ese preciso momento, te atrapa, sin que puedas zafarte, para a continuación llevarte a un lugar sin retorno. Es imperceptible al ojo humano, pero si quieres puedes sentirla. Otras veces se percibe sin querer, posiblemente para advertirte de que quizás tu serás el siguiente. Cuando se va la vida de alguien que está cerca de ti, te cruza como un fogonazo, en un instante que te crispa, como una inyección de ansiedad. Un cúmulo de sensaciones de angustia que hacen que sientas como si se desencajaran tus dientes y te deja un sabor metálico en la boca. Si se dejase ver, observarías un rostro inexpresivo, imperturbable, pero carente de carne que le da un aspecto aterrador a ese cuerpo escuálido. Va cubierta por una especie de túnica negra, que solo deja ver parcialmente un cuerpo huesudo y dentado, en cuyo aspecto facial sobresale una sonrisa siniestra. Una alegría demoníaca, de la que siempre gana en sus batallas.

Ese día, como no podía ser de otra manera, estaba en el hospital. Etérea, flotando sobre el aire, generando olores y sensaciones incomodas en pacientes y sus familiares. Una espera final, previa a la captura de una nueva víctima.

Cuando apareció el doctor en la sala, Elena despertó de sus meditaciones y se levanto como un resorte, esperando impaciente nuevas noticias.

-Se ha despertado-, le dijo el doctor. Esta fuera de peligro, pero debe saber, que ya no es la misma persona.

Ella apresuró su paso hacia la habitación en donde lo tenían intubado, sostenido durante meses de manera artificial. Ahora por fin podría verlo.

Lo encontró sobre la cama. Su aspecto estaba demacrado por su larga lucha con la muerte, pero lo peor estaba en su mente. Aquel hombre brillante, se había convertido en un ser balbuceante, incoherente, y con el humor infantil de un niño. La curva donde tuvo el accidente, no solo cambiaría su vida, también en ella, había dejado parte de su cerebro.

Elena no supo, no pudo, o no quiso cargar con ese cambio y nunca mas regreso a verlo.

La muerte los observo muy de cerca y se retiró son su sonrisa imperturbable. Aun no era su momento, pero pronto regresaría, ya que había dejado a su víctima malherida. No solo dañó su cabeza, lo peor, es que le había dado una estocada directa al corazón.

Años después y a miles de kilómetros de allí. El corazón, volvía a ponerse a prueba. En Australia, una atleta muy peculiar participaba en una carrera popular, con el fin de recaudar fondos para una organización benéfica. Se trataba de la modelo Turia Pitt, que por una buena causa, había abandonado por ese día la pasarela por el atletismo.

Cuando el arrogante Lucifer se fue del paraíso, se llevó consigo a sus secuaces, y aunque no os lo parezca eran mucho, porque no os engañéis, el mal es bastante mas poderoso de lo que pensáis.

El recorrido de la carrera pasaba por una arboleda frondosa y allí estoy seguro de que estaba uno de ellos. Esos diablos que convierten este mundo en un lugar injusto y de dolor. Cuando Tunia se encontraba en mitad del bosque, este empezó a arder, de manera inexplicable. Ahí es donde seguro el diablo lo aclararía todo. Ella quedó atrapada, como atada sobre una hoguera, tratando de buscar la salida que le permitiera salvarse, mientras se quemaba.

Al hospital llego como un amasijo de carne. Pero aun luchaba con la muerte, agarrándose a la vida con lo que quedaba de su cuerpo. El ser de la sonrisa impertérrita miró a través de la pequeña ventanilla de la puerta de la habitación, para después atravesarla sin abrirla. Espero a los pies de la cama, inmutable ante el dolor de la víctima, esperando su final.

Cuando su novio llegó al hospital, estaba muy nervioso, con esa bruma que oculta todo lo que hay mas allá de su preocupación. Espero las noticias con un nudo en la garganta, que dio lugar después a un sollozo desesperado. Al llegar el doctor le comunicó la fatal noticia.

-Se ha despertado-, le dijo el doctor. Esta fuera de peligro, pero debe saber, que ya no es la misma persona.

El mundo esta lleno de historias paralelas. El lector despistado, no se habrá dado cuenta de que la contestación del médico, fue igual a la del doctor de nuestra historia anterior.

Cuando entro en la habitación, estaba cubierta por vendas. Se había quemado el 65% de su cuerpo. Cuando se vieron, no supieron que decirse, simplemente lloraron.

Es injusto que a veces el amor se ponga a prueba. Hay personas que no lo merecen. Parece una metáfora de la carrera benéfica de Tunia, como si alguien jugara con las vidas y sus amores, para averiguar si llegarán a su meta en el caso de que se encuentren algún obstáculo en el camino.

Tras su recuperación, tuvo que someterse a múltiples operaciones estéticas, mas de 200. Él no se apartó de su lado, incluso abandono su trabajo para ayudarla y cuidarla en su recuperación. Pero el novio de Tunia, le tenía deparada una sorpresa. Meses después, cuando le llevaba comida a la cama en una bandeja, le dijo que abriera la tapa del cuenco que estaba a su derecha. Ella al hacerlo, vio un anillo en su interior y una nota en donde le proponía matrimonio, en cuyo final se podía leer un lacónico “A veces, vence el amor”.

Esta vez la muerte se fue disgustada, incapaz de poner otra expresión, que no fuese su siniestra sonrisa dentada.

MANCROW

2 thoughts on “LA PRUEBA DEL CORAZÓN

  1. Insisto en el libro, Mancrow,. de verdad, me encanta tu blog, pero considero que tus publicaciones merecen ser compartidas a miles, millones, recibe como siempre mi agradecimiento por tu tiempo, felicitaciones por tu página, sé feliz Manu.

    1. No sabes cuanto me alegras. Creo que voy a seguir tu consejo y me apuntaré a algunos concursos literarios de relatos cortos. No me disgustaría vivir de la escritura, me divierte y me hace soñar. Ojalá me lea mucha mas gente. Te mando un fortísimo abrazo, me animas mucho.

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