Muñeca 5

LA MUÑECA DE PORCELANA

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Aquí estoy, encima de la cama mas aburrida que un hongo, esperando a que se marchen todos de la casa. En cuanto se van, camino por las habitaciones sin que nadie me moleste, salvo ese maldito gato siamés. Ya no se si me dará tiempo a agarrarlo. Cuando sale el último miembro de la familia, siempre huye por el orificio que tiene en la puerta principal. Es como si supiese lo que tengo pensado para él. De todas formas, no penséis que eso me pasa con frecuencia, es raro que algo se me escape.

Cuando estaba en la otra casa, hacía lo mismo que ahora, me quedaba quieta mientras había alguien en el hogar. Ya sabéis, no esta muy bien visto, que una muñeca camine sin pilas por las habitaciones canturreando canciones macabras que a los humanos les causan terror.

Por eso me mantenía inmóvil mientras la niña jugaba conmigo. Con mi rostro impasible, que no se alteraba ni con los zarandeos violentos que me daba. Aunque en mi interior estaba que me la comía.

Pero cuando llevaba unos meses con ella, comenzó a quedar mas con las amigas y un chico le llamaba frecuentemente por teléfono. Se puso muy cursi, diciendo palabras como te amo y cosas por el estilo. También empezó a pintar corazones en sus carpetas de clase y a seleccionar frases de amor copiadas, que publicaba en Facebook. Porque no tengo estomago, sino se me hubiese revuelto con tanta ridiculez. Y claro, se olvidó de mi. No es que me importara demasiado, pero al menos me entretenía. Además, me apartó en una esquina de la habitación y sabía que eso, era el primer paso para terminar en el desván. Yo no soporto esos lugares, son demasiado oscuros y te hacen pensar cosas locas. A parte, a veces allí encuentras otros muñecos con alguien dentro como me pasa a mi y no quiero saber nada de ellos, están todos trastornados.

Entonces, tuve que activar un plan que tenía desde hacía tiempo para ella. Un día que se quedó sola en casa, espere pacientemente a su espalda en una esquina de la habitación, donde últimamente siempre me ponían. Ella sentada en una silla, escribía algo en su computadora. El cuarto con la luz apagada, sólo estaba iluminado por el simple destello de la pantalla. El momento perfecto, pensé yo.

-Por fin solos- le dije en aquel instante.

Ella se giró sobre la silla para ver quién le hablaba. Teníais que ver la cara que puso, me hizo tanta gracia, que solté una risotada tan siniestra, que hasta me asuste a mi misma. Salto de la silla como un resorte y empezó a caminar hacia atrás sujetándose la cabeza susurrando que no podía ser cierto. Mientras, miraba con sus ojos completamente abiertos como caminaba hacia ella. Después, salió corriendo por el pasillo dirección a la puerta de salida, lo que me provocó otra estridente carcajada al recordar, que le había cerrado la puerta en previsión a que se intentara escapar.

Víctima del pánico, se sentó en el suelo sujetando con sus brazos las rodillas mientras gimoteaba. Me fue sencillo rebanarle el cuello con el cuchillo de cocina. Salió la sangre a borbotones de su pescuezo, mientras inútilmente trataba de respirar. Vi a través de sus ojos, como poco a poco se le escapaba la vida, al tiempo que se le iban poniendo cristalinos como los míos. Intenté arrancarle la cabeza. Me pareció buena idea dejarla encima de la mesa sobre una fuente, como hacen a veces los humanos con los cochinillos, para que cuando viniera el resto de la familia, supieran que conmigo no se jugaba. Pero el cuchillo no pudo cortar los huesos de la columna, entonces me dirigí a la cocina para buscar un machete. No hay nada mejor, que tener las herramientas adecuadas para cada oficio.

Al volver al lugar donde estaba su cuerpo, se me ocurrió otra cosa mucha mejor. Le desmembré las extremidades. Una pequeña venganza, por todo lo que hacen a otros como yo, algunos niños mal criados. Después trate de colocárselos de nuevo, pero como no podía, se los cosí. Entonces hice una variación, le puse las piernas donde deberían estar sus brazos y viceversa. Cambios de posición de las extremidades que no pasarían inadvertidos, un pequeño toque personal, soy muy imaginativa. Les impactará al resto de la familia cuando la vean, estoy segura.

La coloqué en el salón y cuando entraron por la puerta, yo estaba de frente, perfectamente sentada en el sillón, con mi carita de porcelana, mis ojos cristalinos y esa sonrisa en mi boca, que no concordaba con el resto del rostro inexpresivo. Un aspecto monstruoso que sin embargo, siempre ha tenido a su público.

Se llevaron un buen susto, os lo garantizo. La madre se puso tan histérica que la internaron en un psiquiátrico, aunque no creo que se recupere. Y yo acabé en un contenedor de basura. Tampoco protesté por eso, ya necesitaba cambiar de aires.

Por la noche, baje del depósito y me dirigí a un pequeño parque infantil, en donde al día siguiente, sabía que alguna niña me recogería. Siempre hago lo mismo.

Y aquí estoy de nuevo en cama, en otro hogar, esperando a que la niña de la casa se quede sola. Aunque esta vez, trataré de ser mas creativa, quizás le cosa un botón en un ojo y el otro se lo vacíe, una macabra forma de darle las gracias por lo que nos hacen al resto de muñecos.

Cada vez tengo menos paciencia, lo admito. Creo que cambiare de hogar con mayor frecuencia. Quizás con la venganza se me aplaque esta ansiedad que tengo. Ya se que me recomendaríais hacer cambios en mi vida. Os haré caso, en la próxima ocasión, tal vez se lo haga a un niño o a un adulto, no se, ya lo pensaré.

Ahora tengo que dejaros, parece que ya se va el último de la casa, me quedaré sola con ella. Que sorpresa se van a llevar cuando regresen. Bueno, ya os contaré, si es que no nos vemos antes.

MANCROW

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8 comentarios en “LA MUÑECA DE PORCELANA

  1. Sen sa cio nal!!! Me atrapó de principio a fin, y esos ¨cambios de aires¨me sacaron una sonrisa… escalofriante y jocosa a la vez la muñequita jaja. Un beso

    1. Jaja, es que tenía un toque macabramente sarcástico que la hacían simpática dentro de la barbarie. Espero volver a publicar pronto un relato propio, no sabes cuanto disfruto haciéndolos. Te mando un fuerte abrazo

    1. Muchísimas gracias, no descarto hacer una continuación, aunque tengo varios relatos pensados pero pendientes de escribir que me gustaría publicar. YO disfruto muchísimo haciendo estas historias. Te mando un fortísimo abrazo

    1. Jajaja, los peluches aun los paso, pero a una muñeca de porcelana no la tengo en casa ni de broma. Me voy yo antes.Te mando un fuerte abrazo

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