440785178_087f346c31_z

LA LUCHA DEL ALMA

Publicada en Publicada en Relatos

No estoy seguro de sus intenciones, tampoco se con certeza cuando lo van a hacer, ni siquiera puedo afirmar que son humanos. Sólo puedo contaros la historia de un hombre al que conocí, para que saquéis vuestras propias conclusiones.

Vivía en los suburbios de la ciudad, en donde el alcalde había dado orden de que los caballos dejaran de arrastrar carromatos y como los pobres de la ciudad no podían permitirse comprar un vehículo para transportar sus pertenencias, se veían obligados a tirar de sus propios carros. Por eso yo los llamaba hombres caballo.

En ese lugar, los miserables, escarbaban en la basura tratando de encontrar algo de valor entre los residuos. Como si de una burla se tratara, las autoridades del distrito los habían bautizado con el nombre de recicladores.

36429906810_c98073d7d5_z

Los mas desfavorecidos, vivían próximos a los caños, estructuras realizadas para canalizar el gran caudal de agua provocado por las continuas tormentas. Allí dormían pobres y drogadictos, entre los desperdicios, formando parte de ellos.

Daniel se cubría con lo que encontraba, tratando de abrigarse del frío gélido de la ciudad. Habían pasado tres días desde que se metió por última vez. Su cuerpo le pedía caballo, perico o lo que fuera, no importaba uno u otro con tal de que se tratara de droga.

En ese momento apareció él, en medio de la noche como una criatura de la oscuridad. No pudo ver su rostro, solo le escuchó decir:

– Es nueva, te dará un subidón, ya lo verás.- hizo una pequeña pausa y continuó.

– Ya me la pagarás la próxima vez.

Esa noche la probó por primera vez y entró en un profundo sueño.

Al despertar se encontró en una cama, dentro de una lujosa habitación. A su lado había una preciosa joven que lo abrazó.

– Buenos días mi amor.- le dijo ella mientras lo besaba.

Hacía tiempo que no estaba con una mujer. No lo desaprovechó. Su cuerpo respondió a la perfección, estaba fuerte y excitado.

Cuando fue al cuarto de baño se miró al espejo. Se vió a si mismo, pero le sorprendió observar como su cuerpo tenía una complexión fibrosa y musculada. ¿Estaba soñando?.

No se lo podía creer, en la casa no faltaba el mas mínimo lujo; persianas robotizadas, vestidor en cada habitación, un ascensor interior, luces con detección de presencia, chimenea y una piscina dentro de la casa. Desde una terraza acristalada, pudo contemplar el mar que se encontraba en frente de él.

8238151430_5f13d85422_z

– Estás extraño mi amor, pero entiendo que estés así, ya faltan pocos días.- le dijo ella mientras lo abrazaba con todas sus fuerzas. Después se enteró que se llamaba Sara. Esa noche la amó.

Al despertar, estaba de nuevo en el caño. Sintió un olor nauseabundo, una mezcla de basura y excremento. Miró a su alrededor y vió un regato de agua turbia y sucia que descendía por el canal. A su orilla un grupo de hombres y mujeres se mezclaban entre los residuos.

Esa noche buscó desesperadamente al que le había entregado esa droga. Cuando lo encontró, le pidió de nuevo que le diera lo de la noche anterior y le prometió que pronto le pagaría. Antes de tomarlo, pensó que quizás con una sobredosis de eso, pudiera conseguir no volver a esa vida tan horrible que llevaba.

Se despertó de nuevo en la cama, en aquella fabulosa mansión.

– Es hora de que nos vayamos- le dijo Sara que se encontraba al otro lado de la cama.

Salieron en un coche deportivo recorriendo una carretera que discurría paralela al mar. No preguntó a donde iban, ni protesto por no quedarse con ella en casa. Esa vida era maravillosa. ¿Por qué poner un pero?.

Llegaron a un galpón gigante donde los esperaba una multitud. Varias cadenas de televisión lo grabaron mientras bajaba del coche y se dirigía al edificio.

En su interior varios hombres acudieron a su encuentro y lo llevaron hacia un cilindro gigante que se enterraba en el suelo. Uno de ellos le dijo:

– Lo vas a conseguir, ya lo verás.- Una pancarta gigante ponía “Record del mundo de inmersión”.

Trató de explicarles que no podía.

– No se hacerlo, además estoy mayor para eso- Dijo Daniel mientras Sara trataba de tranquilizarlo.

Dentro del cilindro, había un carro sobre un cabo guía que se introducía en lo más profundo del tanque.

Un hombre le agarro la cabeza con sus dos manos mientras le arengaba diciéndole que lo conseguiría. Ese mismo hombre le dijo:

– Te relajas en el agua, una bocanada profunda y a bajo-.

1045709386_aef34eac89_z

Se agarró al carro y descendió a gran velocidad. A mitad de la inmersión sintió la enorme presión del agua en sus oidos y como todo se iba oscureciendo. Tuvo que luchar contra su cerebro, que ordenaba a los pulmones respirar provocando que automáticamente su diafragma se contrajera. Los latidos de su corazón se ralentizaron a un ritmo inimaginable.

Cada ciertos metros había otros buzos para auxiliarlo en caso de problemas.

Unas marcas , le indicaban la profundidad a la que estaba, 80 metros, 100, 120… Lo iba a conseguir. Una señal de “Record del mundo” sostenía un testigo que le indicó que era momento de volver. A su vez un buzo le hizo la señal de “Ok” con su mano, confirmándole que había batido el record del mundo. Ahora debía subir con el aire que le quedaba en sus pulmones.

En cuanto inició la ascensión pronto le invadió la sensación de asfixia. El nitrógeno que se expandía en sus pulmones le hizo expulsar parte del aire que tenía. Necesitaba respirar, su diafragma convulsionaba furiosamente pidiendo una bocanada de aire.

El acido láctico le provoca un terrible dolor en su musculatura. Sintió como sus pulmones se contraen hasta desgarrarse y una sensación de nauseas lo invade. El bazo aportando un extra de sangre, acudió al auxilio de su cerebro tratando de evitar el colapso.

442649815_399a79e384_z

Al borde de la inconsciencia dejó atrás a la oscuridad. Un destello lo espabilo, era la luz de la superficie reflejada en el agua. El mareo lo aturdió de nuevo cuando ya casi llegaba al final de la ascensión y perdió el conocimiento.

Lo sacaron del agua mientras escuchaba una multitud que lo jaleaba enfervorizada por la emoción. Le hablaban, pero no podía entenderlos. Una mujer lloraba, era Sara sin duda, después el silencio.

Se despertó de nuevo en el caño, humedecido por una incipiente lluvia que convirtió el suelo en un lodazal de inmundicias.

Esa noche buscó desesperado al que le había vendido la droga, pero jamás lo volvió a encontrar.

Con el paso de los días, una teoría le aferro a la vida. Pensó, que quizás el alma a veces era compartida por dos cuerpos y cuando esto sucedía, uno de ellos debía morir para que se volviera a producir un equilibrio. Un alma, un cuerpo.

Esa fuerza le empujó a un centro de rehabilitación a donde múltiples veces se había negado a ingresar.

Pasado un tiempo se curó de la adicción y decidió irse a la costa en donde le esperaba una de sus hermanas. Al llegar allí, cansado por el viaje y con sus ropas andrajosas, se sentó unos instantes en el suelo apoyado a una pared. Dominado por el sueño, apoyó su cabeza entre las rodillas.

Entonces, sintió que alguien se le acercaba y le arrojaba unas monedas. Al mirar, vió la cara de sorpresa que ponía una persona que jamás se alejaría de su vida y a la que sin dejar que hablara le dijo:

– Lo siento Sara, no sabía hacerlo, además estoy mayor para eso.

Fin

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *