Papa

LA LEYENDA DE LA PAPISA JUANA

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Si escarbamos en los intrincados trasteros de la historia del papado, encontraremos leyendas y crónicas fascinantes, en donde no falta la intriga, la conspiración, las luchas intestinas, ni por su puesto el amor.

Fue así como nuestra protagonista se introdujo en lo mas alto del poder Vaticano a mediados del siglo IX.

Porque esta mujer de origen ingles que provenía de Maguncia (Alemania) y que ya de pequeña mostraba su interés por acumular sabiduría, se enamoró de un fraile. Como este se iba para Atenas y no podría salir con facilidad del convento benedictino donde estaría, decidió vestirse de un hombre y adentrarse en el monasterio con el fin de verlo todos los días. La conocerían por el sobrenombre de Juan el inglés. Os parecerá una locura, pero me pregunto que haríais vosotros en esa situación, si sintieseis la llamada del amor irracional que no se puede evitar.

Como era muy inteligente, pronto destacó en las ciencias, pero en lo que mas sobresalía, era en su capacidad innata para la oratoria, convenciendo a los demás siempre que se lo proponía. Esto le ayudó a mantener su relación clandestina con el sacerdote.

No son muy claras las fuentes respecto a lo que sucedería a continuación. Algunos dicen que su amado falleció, por lo que se centró tras el fatídico acontecimiento, en aprender mas sobre diferentes materias, hasta que decidió finalmente trasladarse a Roma. Otros en una versión mas romántica, cuentan que acompañó a su amor a la ciudad eterna.

Haya sucedido de una manera o de otra, en lo que coinciden es que acabó en la ciudad Papal.

Allí pronto prospero. Además tenía tal elocuencia, que a la hora de elegir un nuevo Papa, todos lo tenían por favorito. En aquella época no había cónclave y la elección del nuevo Papa, no la hacían los cardenales, sino los fieles y los religiosos de Roma. De manera aplastante, venció a todos sus rivales por la carrera en la sucesión del príncipe de los apóstoles. Fue nombrado Sumo Pontífice en el año 855 con el nombre de Juan VIII.

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Destacó por su benevolencia y tolerancia y cuando todo iba bien, algo sucedió que daría un giro a la historia.

En una procesión en la que participó, que transcurría desde San Pedro hasta la iglesia de San Juan de Letrán, “La Papisa” Juan VIII cayo al suelo. Al poco tiempo se vio su hábito empapado en sangre. Había ocultado su embarazo durante largos menos, pero el infortunio hizo que su cría surgiera en el momento mas inoportuno. Cuando la multitud vio salir al retoño, furiosa se abalanzó a la que consideraban una impostora y la apedrearon hasta la muerte. Otras personas, le dieron un final mas terrible, en donde la arrastraron con un caballo por varias calles hasta su muerte, una costumbre insana que tenían en la época. Habían trascurrido mas de dos años y dos meses, desde que había sido elegida para el cargo mas alto de la curia.

Esta leyenda se hizo muy popular en el siglo XIII y se mantuvo hasta nuestros días. Aunque su veracidad está muy cuestionada, las procesiones religiosas, ya no pasan por la calle donde se produjo el parto, a pesar de que es la distancia mas corta para llegar de San Pedro a la Iglesia de San Juan de Letrán. Una estatua que existe en la zona donde se produjo el supuesto nacimiento del niño, en donde se ve una mujer con un retoño, todos la identifican con la papisa Juana. Pero la costumbre mas curiosa que quedó tras esta leyenda, es que los asientos perforados de mármol en donde se sentaban tras el nombramiento de un nuevo Santo Padre, se utilizaban para que una persona pudiera con su mano, comprobar que lo que había entre las piernas de Su Santidad eran unos testículos.

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Sea o no una leyenda, al menos desde entonces, sabemos que no volverá a producirse un parto bajo la vestimenta del Sumo Pontífice.

MANCROW

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