Alain

LA ESPELUZNANTE HISTORIA DE ALAIN DE MONÉYS

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La maldad del hombre es infinita. En un numeroso grupo de personas enfadadas, se enardece el odio, la envidia y todo lo peor del ser humano, somos capaces de cualquier cosa aberrante. Es triste, pero real. Y si no te lo crees, lee este relato real, que te resultara increíblemente terrorífico.

Antes es preciso explicar ciertas cuestiones para que se entienda el contexto de la época. Nos encontramos en una pequeña aldea francesa llamada Hautefaye, en la región de Aquitania. La población total no pasaba de la centena, sin embargo, ese día, el 16 de agosto de 1870, se celebraba una feria, por lo había mas de 600 personas en el lugar.

Los Franceses y los Alemanes, nunca se han llevado muy bien a lo largo de la historia y desde hace 2 mil años, fueron de pelea en pelea, inculcando el odio desde niños al prójimo, hasta que terminó la segunda guerra mundial y finalmente se dieron cuenta que a base de palos, no iban por muy buen camino.

Pero en la fecha en la que se produjo esta historia increíble, Francia estaba sumida en una guerra con Prusia, cuyos territorios en su mayoría son hoy Alemania.

Francia estaba perdiendo la guerra y en pocas semanas su Emperador Napoleón III, sería capturado en la batalla de Sedán. En aquella época, la gente de esa población era analfabeta casi en su mayoría y se enteraban de las noticias, a través de lo que les contaban otras personas y como os podéis imaginar, tal como sucede hoy en día, la prensa oficial, no decía la verdad sobre la situación de la guerra, en donde la derrota era segura.

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El tema es que a dicha feria, se presentó Alain de Monéys el desgraciado protagonista de nuestra historia, acompañado del noble vizconde Camille Maillard Lafaye, así como de algunos amigos. Alaín de Monéys, era una persona acaudalada, de grandes virtudes, que no ponía reparos en ayudar a los demás. Además, era conocido por ser un gran patriota seguidor de Napoleón III.

Ese día, su acompañante el vizconde, tuvo la fatal idea de comunicar a la multitud, que la guerra no iba nada bien: “perdimos la batalla de Reischoffen y el ejercito se batió en retirada”, dijo el noble. Vamos que el futuro era bastante negro y que el ejercito no había sido demasiado valiente.

– “…los franceses nunca se retiran, usted es un Prusiano”.- grito una voz entre la gente.

La población de la zona, tenía un espíritu patriótico muy marcado, que acrecentado por la gran cantidad de alcohol que habían bebido, atizó la llama del odio, al grito de: “Via el emperador! ¡Abajo Prusia!.

Al ver que la turba se volvía agresiva, el noble salió huyendo al igual que sus acompañantes, salvo Alaín de Monéys, que pensó que con él no iba la historia, pero nada mas lejos de la realidad.

Histeria colectiva

La multitud al ver que se escapaban los acaudalados del pueblo, dirigieron sus miradas al que había quedado, el desafortunado Alaín. Para la embriagada muchedumbre, no había duda, era un traidor que financiaba a Prusia e incluso a alguno se le ocurrió, que también era un espía. Aunque todo era mentira, para la marabunta de gente, era una evidencia incuestionable y tantos cargos, no podían quedar impunes.

La muchedumbre totalmente poseída por el odio, rodeo al asustado Alaín, que trataba de desmentir las falsas acusaciones. La población, haciendo oídos sordos, pronto blandieron horcas, garrotes y hoces.

Empezaron dándole una paliza descomunal. Lo arrastraron 600 metros por las calles, a la vez que lo golpeaban sin descanso, insensibles ante los ruegos de Alaín.

Viendo el inminente desastre, intercedió el sacerdote del pueblo y les ofreció a la multitud de agresores, vino gratis con el fin de que se olvidaran del desdichado. Mientras el alcalde y algunas personas mas, lo llevaron hasta una pocilga en donde lo depositaron para que descansara. Sin embargo, consiguieron el efecto contrario. Con mas alcohol, el rencor y aborrecimiento hacia el pobre Alaín se había multiplicado. No había que ser compasivo, había que castigarlo por la infamia hacia la patria, pensó la masa de gente dominada por la barbarie.

Querían una decisión democrática y entonces preguntaron, ¿Lo ahorcamos, lo crucificamos o lo desmembramos?. No dio tiempo a debatirlo.

Las mujeres, ancianos y niños se sumaron al castigo. Lo arrastraron a un cerezo y lo colgaron, sin darse cuenta que las ramas no soportarían su peso.

Enfurecidos por no dejar matarse, decidieron torturarlo. Le amputaron algunos dedos con unas tenazas y le rompieron los dientes a garrotazos. No contentos con eso, le arrancaron un ojo con un tenedor y le clavaron unas herraduras en los pies. Para entonces el desahogo de su frustración y odio, se convirtió en un delirio colectivo. Tras varias horas de golpiza, decidieron la sentencia. Debía morir en la hoguera.

Los niños divertidos, fueron en busca de la leña necesaria. El resto, lo ataron a una estaca y le prendieron fuego. La multitud aullaba por la excitación.

El alcalde, tan borracho como el resto de la turba y temiendo correr con la misma suerte, en vez de defenderlo, tuvo la fatal ocurrencia de decir: “coméoslo si queréis”.

Boca

Dicho y hecho. Mientras era pasto de las llamas, empezaron a surgir las primeras ampollas en su piel y su grasa corporal se iba derritiendo en medio de los gritos espeluznantes del desgraciado. No se podía desperdiciar esa manteca soltada por el traidor, pensaron.

Entonces, las mujeres se acercaron a su cuerpo y untaron la grasa que desprendía, en unos panecillos que iban pasando al resto del gentío para su degustación.

Como imaginareis todos, Alain murió y días mas tarde apareció la policía de la época para hacer justicia. Fueron detenidas 50 personas, 21 de los cuales quedaron bajo cargos. 19 fueron declarados culpables en un juicio celebrado en la ciudad de Périgueux. Algunos fueron sentenciados a varios años de trabajos forzados, pero sólo uno sería condenado a prisión de por vida en Nueva Caledonia, aunque saldría a los 30 años. Niños de 14 y hasta 5 años, se salvaron de todos los cargos, a pesar de ser los que prendieron fuero a la pira.

Meses después, el 6 de febrero de 1871, llevaron una guillotina a la plaza del pueblo de Hautefaye, en donde le cortarían la cabeza a 4 de los acusados, para dar ejemplo de lo que se les haría si lo repetían.

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Hoy en día, el pueblo esta prácticamente igual que en la época en donde sucedió este macabro asesinato. Y la posada en donde se produjeron los primeros hechos, ahora es un apacible y bonito ayuntamiento, posiblemente, porque nadie se atrevería a hospedarse en ese pueblo. ¿Vosotros que pensais?.

MANCROW

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