EL TERRORÍFICO CASO DE SAWNEY BEANE

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Esta historia es un claro ejemplo de los largos tentáculos de la maldad. Su capacidad para destruir sociedades y familias, sin dejar ni un hálito de compasión o bondad. La malignidad en estado puro. Además, es un relato sobre un tiempo y un lugar alejado de cualquier dios compasivo, en donde sólo el demonio dominaba esas tierras.

Sucedió en el siglo XVI, aunque podría haberse dado en cualquier época, ya que la malicia siempre encuentra un resquicio en las sociedades débiles y desfavorecidas.

Tuvo por lugar, los senderos de un bosque al Oeste de Escocia. Y aunque es sabido por los historiadores que los caminos en general hace siglos fueron siempre peligrosos, en este caso supera todo lo imaginable.

Los viajeros se adentraban en la espesura formada por árboles centenarios, advertidos por los habitantes de los pueblos cercanos sobre la peligrosidad del camino, lo cual no ayudaba a mitigar el miedo del caminante. Sus mentes fantaseaban sobre los monstruos que podían acechar en la frondosidad. Un ruido sospechoso o el movimiento oscilante de la vegetación, les hacia pensar que eran causados por las peores criaturas imaginables. Y en esas divagaciones transcurría su recorrido, hasta que este era interrumpido al toparse de frente con la verdad y esta era que desafortunadamente, no estaban solos en el bosque.

Y así, en las cercanías de Galloway, empezaron a desaparecer personas. Días mas tarde, sus restos eran encontrados a orillas del mar. Pies, manos o cabezas que demostraban su anterior humanidad. Restos que se sospechaba que las alimañas habían rechazado para su dieta alimenticia. Lo que mas sorprendía, es que no sólo desaparecían individuos que viajaban solos, también lo hacían grupos de 4 y hasta 6 viajeros. Algo realmente peligroso estaba en el interior del bosque.

En las poblaciones de los alrededores, pronto empezó a correr el rumor de que un hombre lobo o una bruja habitaba las cercanías. La gente se hizo mucho mas huraña y desconfiada. Temerosa de recorrer los caminos en solitario.

Los años pasaban y como las desapariciones continuaban sin dejar pista alguna, las autoridades nerviosas, comenzaron a arrestar aleatoriamente, sin tener pruebas realmente concluyentes sobre algún sospechoso. En aquella época, la justicia brillaba por su ausencia y múltiples inocentes bajo tortura, se declaraban culpables de los diferentes asesinatos. Pero en los siguientes meses, esto no hizo reducirse el número de viajeros desaparecidos.

Entonces pensaron que el culpable tenía que ser algún posadero. Creían que este recibía a sus huéspedes y en mitad de la noche, los robaba y asesinaba, dejando sus restos en el bosque y en la orilla del mar. Por esta conjetura, fueron detenidos múltiples hosteleros inocentes, que al igual que los arrestados anteriores, eran víctimas de terribles tormentos bajo tortura. Viendo lo que les sucedía a las personas del sector hostelero, nadie quería tener una posada. Esto agravó la situación, ya que hizo que muchos viajeros tuvieran que dormir en la intemperie.

Y las muertes no cesaron durante 25 años. Se calcula unas 1.000 personas desaparecidas en este periodo, sin contar las muertes inocentes causadas por la injusticia de los tribunales.

Un día, dos viajeros y la mujer de uno de ellos, fueron asaltados por unos individuos, con un aspecto salvaje, que emitían sonidos guturales, como verdaderas bestias. Los pelos desaliñados, sus cuerpos semidesnudos, tapados únicamente por ropas harapientas, delataban la falta de contacto con la civilización. No parecían humanos sino terribles bestias. La mujer pronto fue agarrada por los atacantes, mientras los hombres a duras penas se defendían con espada y pistola en mano, evitando que los apresaran. Desesperado el marido, vio como degollaban a su mujer y bebían con desesperación la sangre de su cuello. Los envistió con el caballo, pero cuando llegó a la altura de su esposa, esta estaba completamente despedazada. Sin embargo, pudieron salvar sus vida al llegar casualmente a su auxilio, otros viajeros que venían a caballo. Al regresar al pueblo, avisaron a las autoridades.

El entonces Rey James I de Inglaterra, tomo cartas en el asunto y organizó un ejercito de 400 hombres con una manada de perros de caza a los que acompañaría al lugar.

Tras buscar por el bosque y las montañas aledañas, nada encontraron. Fue en la costa donde divisaron una pequeña gruta, que gran parte del día era cubierta por el mar. Aunque los soldados dudaban en entrar por el intimidante lugar, fueron los perros los que se adentraron para dar por finalizada la investigación. Ante la inquietud y los ladridos de los canes, decidieron entrar con antorcha en mano. Era un recorrido sinuoso, un verdadero laberinto de grutas obscuras. Después de mas de un kilómetro de recorrido en la cueva, descubrieron un espeluznante escenario. Colgados del techo había cuerpos de niños y adultos para su secado, restos de huesos y miembros despedazados por todos los lados, así como carne adobada de humanos.

Cuando aun no se habían repuesto de la pavorosa visión, descubrieron allí a los desaliñados asesinos acompañados de todos los tesoros que habían conseguido como asaltantes. Todas esas bestias, eran los familiares de Sawney Beane y su esposa, unos psicópatas que años atrás habían escapado de una sociedad a la que no se adaptaban. El aislamiento acrecentó la maldad de sus mentes trastornadas y en poco tiempo tuvieron hijos. Como para ellos no había ningún tipo de prejuicio, cometieron incesto. De las relaciones entre hermanos, padre e hijas y madre e hijos salieron mas y mas vástagos hasta llegar a una población de 50 individuos, que pronto aprendieron los conocimientos del padre como asesino y asaltador de caminos. Sin ningún tipo de tabú o escrúpulo y con la escasez de alimentos, fue un camino fácil dedicarse al canibalismo.

El Rey James, resolvió el salvajismo de estas criaturas infernales, con mas barbarie y sin previo juicio, mando torturar a los hombres de la familia de Sawney Beane hasta despedazarlos. Todo a la vista de sus mujeres, las cuales posteriormente serían quemadas en la hoguera para regocijo de la multitud.

El paso de los siglos, a nublado estos recuerdos a tal extremo, que el mito se entremezcla con la realidad. Sin embargo en Edimburgo, aun sientes escalofríos cada vez que se les habla de esta familia con apetencias caníbales.

MANCROW

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