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EL PEQUEÑO BASTARDO, EL COCHE MALDITO DE JAMES DEAN

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Su dueño, fue una leyenda de Hollywood. Si tuviese que nombraros a alguien similar en nuestros días, sería imposible. Sólo hizo tres películas, pero sus interpretaciones fueron tan singulares, que lo encumbraron al reducido listado de mitos de la gran pantalla. Era un transgresor, un rebelde, cuya imagen icónica, que causo la admiración de la crítica y la adoración de una multitud de fans femeninas.

Es curioso el carisma que puede tener una persona. Supo aprovechar su mirada misteriosa y subversiva, para compensar su escasa estatura y su carencia de dientes delanteros, que suplantaba con una dentadura que a veces colocaba en alguna bebida de sus amigos a modo de broma. A nivel personal, debía tener mucho magnetismo, era simpático, pero sin mostrarse por dentro lo suficiente, lo que lo convertía en una personalidad enigmática con múltiples caras que nunca llegabas a conocer.

Terminó convirtiendo su vida, en ejemplo de una de sus celebres frases: “Vive deprisa, muere joven y deja un bonito cadáver”.

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A pesar de padecer miopía, no usaba gafas por su coquetería, lo que no le impidió participar en carreras automovilísticas. Como tenía tal pasión para la competición, se hizo con un Porche 550 Spyder al que llamaría “little Bastard”, traducido como el “pequeño bastardo”. Lo denominaba así, porque realmente era pequeño, en cuanto a longitud y estatura. Pero lo peor, es que no tenía protección en el techo en caso de vuelco y menos aún poseía airbag. Hoy en día, su motorización nos parecería la de un vehículo normal y corriente. Tenía ciento diez caballos y poco mas de mil centímetros cúbicos, pero para aquella época, hablamos de hace mas de 60 años, era considerado un cohete.

Era un automóvil que daba malas vibraciones a la gente. Para entonces la novia de Jame Dean, Ursula Andress, no quiso ni subirse al vehículo. George Barris, el creador del Batmovile, que por cierto le hizo algunas reformas a este auto de James Dean, dijo que el auto desprendía un sentimiento de muerte inminente. Hasta una actriz llamada Maila Nurmi, le colocó al actor una nota en el parabrisas advirtiéndole del peligro.

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Un amigo de él que también era actor, llamado Alec Guinness, le dijo que si no andaba con cuidado con ese vehículo, no duraría vivo ni una semana, lo cual fue una premonición en toda regla, como podréis ver a continuación.

El día anterior a que se cumpliera la semana, James Dean sintió que algo iba mal y decidió llevar su gato a su amiga, la famosísima actriz Elizabeth Taylor, para que lo cuidara.

En la fecha profetizada por Alec Guinnes, sucedió algo dramático y misterioso. Tras el rodaje de la película “Gigantes”, el actor se fue en 1955 a una competición de coches de California, acompañado de un equipo de ayudantes y su “pequeño bastardo” remolcado por un camión. Cuando se estaban preparando para el viaje hacia el campeonato, James Dean cambió los planes y dijo que prefería subirse al Porche Spyder acompañado del mecánico, para probarlo antes de la competición. Como si alguna deidad quisiera darle una señal para que no lo condujera, a las tres y media de la tarde la policía lo multó por exceso de velocidad al ir a 65 millas por hora en donde tenía que circular a 45. Pero eso no hizo que cambiara la fatalidad que le tenía preparada el destino.

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Después fue un visto y no visto. En el cruce de la autopista 446 con la 41, que se consideraba un punto negro por sus múltiples accidentes, otro vehículo, un Ford Custom Tudor Coupe, se encontraba en el carril contrario. De repente, giró para cambiar de sentido, sin ver que de frente venía el vehículo de James Dean.

Curioso resulta saber, que el actor poco antes, había grabado una campaña de seguridad vial, que como entenderéis, tras el accidente no se publicaría. Lo mas sorprendente, es que a pesar de que el guión le exigía decir “conduzca con cuidado, puede que la vida que salve sea la SUYA”, un acto premonitorio o una advertencia para si mismo surgiría de nuevo. El actor se confundiría al citar el texto diciendo “conduzca con cuidado, puede que la vida que salve sea la MIA”. Para colmo de desgracias y de circunstancias extrañas, el vehículo con el que pensaba competir, era un Lotus MK X que no llegó a tiempo para el campeonato, poniendo en manos del actor, el maldito “pequeño bastardo”.

Su acompañante el mecánico, salió volando como consecuencia del accidente, sufriendo una fractura de mandíbula y de una de sus pierna, además de varias lesiones internas. El actor como no llevaba cinturón de seguridad, también salió despedido por los aires. Dicen que rompiendo su nuca, aunque se murió en el traslado al hospital. Para entonces tenía 24 años, moría el hombre o mas bien el joven y nacía el mito, así como la leyenda del “pequeño bastardo”.

George Barris, el que os dije antes que diseñó el Batmovile, como lo conocía, compro los restos de lo que quedaba del vehículo por 2.500 dólares. Sin saber el cúmulo de accidentes increíblemente raros que sucederían posteriormente y de los cuales sólo relataré una parte.

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Cuando lo trasladaron al garaje por primera vez tras el accidente, se rompió una cuerda de sujeción del automóvil y cayo sobre un mecánico al que le rompió las piernas.

Entonces, trató de deshacerse del vehículos vendiéndolo por partes. El motor y el chasis se los compraron personas diferentes que sin embargo iban a participar en carreras de automóviles. El que se llevó el motor, durante la competición, se salió de la carretera, muriendo tras estrellarse contra un árbol. El segundo, tuvo un fallo mecánico, provocando también un accidente, aunque en este caso corrió mejor suerte y no se mató. Mas tarde Barris, logro vender dos ruedas del vehiculo y al poco tiempo, estas explotaron produciendo un nuevo accidente que dejó en coma al conductor, aunque se recuperaría posteriormente.

Para entonces George Barris, estaba seguro de la maldición. Quiso llevarlo a un desguace, pero la policía de tráfico de California ajenos al embrujamiento del automóvil, le convenció para que lo cediera para diferentes eventos como exposiciones y como ejemplo de las consecuencias de un accidente, en sus programas de seguridad vial.

Cuando lo trasladaron a un garaje para su exposición, este ardió sin que misteriosamente nada le pasara al vehículo. A continuación, fue expuesto en un instituto de secundaria de donde calló del expositor y le rompió la cadera a un estudiante.

Tras estos contratiempos y otros que no cité, Barris por el bien de la humanidad, decide llevarlo a un desguace. De camino, un turismo se empotra con el camión que lo transportaba y se mata en el acto. A partir de entonces, se pierde su pista aumentando su leyenda.

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Hay varias hipótesis. Una es que Barris lo recibió de nuevo, aunque este lo desmiente. Otra poco probable dice, que se lo quedaron en la policía de trafico de California.

También resultó extraño que tras el 50 aniversario de la muerte del actor en una exposición de automóviles en Illinois, se las arreglaron para presentar una puerta del Spyder.

El misterio y el interés por recuperar el vehículo es tan grande, que se ha ofrecido una recompensa de un millón de dólares para quien de alguna pista de su paradero. Tras este ofrecimiento, en el museo del automóvil de Volo, apareció un testigo, que sostiene que estaba presente cuando unos hombres acompañados de su padre, ocultaron los restos del “pequeño bastardo” tras un muero en un edificio de Whatcom Country, en Washington.

Por el momento, no se ha confirmado la veracidad de esta afirmación, pero si se produce, en breve, volveremos a ver circular entre nosotros, las piezas así como la maldición que envuelve a este endemoniado automóvil.

MANCROW

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2 comentarios en “EL PEQUEÑO BASTARDO, EL COCHE MALDITO DE JAMES DEAN

  1. Guau!!! La verdad no sabía que el autito causara tantas desgracias después de la muerte de Dean, pero es muy tentadora la recompensa, ya me estaba imaginando en búsqueda de sus restos jaja, me gustó mucho la publicación. besos

    1. Es uno de los casos en donde se mezcla el misterio con el séptimo arte, aunque hay muchísimos otros interesantísimos. A mi me interesó mas el caso, cuando vi la recompensa de un millón de dólares. Como tuve que cambiar los amortiguadores hace un par de meses, hoy baje al garaje para ver si en alguno ponía “Little Bastard”, por ahora no lo he visto, pero no pierdo la esperanza. Te mando un fortísimo abrazo

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