Monstruo

EL MONSTRUO DEL MAR

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En mi caso durante los veranos en el aserradero, antes de la tempestad siempre venía la calma. Apoyado en el marco de la ventana abierta, contemplaba al oscurecer como las olas rompían suavemente en el muro del muelle, que a escasos metros de donde estaba, me permitía escuchar su ruido relajante. La Luna se reflejaba en el agua y el oleaje provocaba ondulaciones en su imagen con lo que parecía moverse cobrando vida. Al fondo las montañas, en cuya base circulaba una carretera en donde las luces de los automóviles y las escasas casas que se encontraban, parecían salpicadas como luciérnagas en el suelo bajo un cielo oscuro. Y mas lejos la música de las orquestas, invisible como un fantasma que sin embargo al escucharlo sabes que está ahí.

Esa noche como todas las anteriores, me reunía con Tino y Alejandro, para divertirnos en alguno de los bares, pubs y discotecas que existían a 30 kilómetros a la redonda. Debo decir que los conocíamos todos y Tino por su simpatía, Alejandro por su sonrisa y yo por mi ocurrencia, conseguíamos que todas aquellas personas que nos parecían interesantes estuvieran con nosotros.

Durante el día, nos íbamos a las playas; arenales inmensos con dunas, mar y viento agitado por el océano, cuando buscábamos tranquilidad para dormir, o playas rebosantes de gente y sus bares próximos ,cuando queríamos hacer sociedad. Sol, mujeres, aventura, nuevas experiencias, nada nos faltaba. Una vida mundana que todos desearían. Una realidad sin espacio para la fantasía fuera de la diversión, sin embargo un acontecimiento me devolvería a la senda del misterio.

Lariño

Y así lo pasábamos día tras día y noche tras noche. En medias, yo tenía tiempo para mis cosas y entre ellas, estaba ese verano ser novio de la hermana de Alejandro, sin que él inicialmente lo supiera. Para entonces era un joven que no relacionaba la pareja con el compromiso y sin pretender justificarme, sabía menos que ahora del amor. Sin embargo, ella ya había madurado y no quería una relación pasajera, algo que no supe o quise ver. No tenía intención de contar mis intimidades, pero es una historia que hará falta para entender posteriormente el relato.

Como todo lo bueno, el verano llegaba a su fin y por ende, mis vacaciones. El día anterior de mi partida, Alejandro y yo llamamos a dos amigas que nos acompañarían a una fiesta que se celebraría durante el día. Esa vez, decidimos hacer el recorrido en un barco, que nos llevaría de una orilla a otra de la ría. Un plan sencillo y emocionante. Nos iríamos a primera hora de la tarde, allí beberíamos vino y comeríamos mejillones para volver a última hora de la tarde. Y así fue, salimos sin contratiempos de Esteiro y atracamos en el muelle de Portosín, poblaciones como dije antes que estaban a uno y otro lado de un mar que los separaba. Como lo pasamos tan bien en el lugar, estiramos el tiempo hasta última hora de la tarde según lo previsto. Al regresar rodeamos una isla que nos protegía de las olas que venían del bravo océano, pero al salir de su abrigo, descubrimos que todo había cambiado a peor. Esa polaridad de calma y tempestad que tiene el mar, se ha tragado miles de vidas a lo largo de la historia y en esos momentos de alegría en la fiesta, no nos dejaron ver que el sosiego inicial, había cobrado una viveza que ya era una tempestad en toda regla. Parecía que el océano, nos había tendido una trampa, con su calma aparente nos invito a adentrarnos en su territorio y ahora, habíamos caído en su telaraña.

Olas1

En unos segundos las olas comenzaron a ganar tamaño a tal altura, que tapaban el horizonte. El viento arrastraba la espuma provocando una llovizna que nos cubría completamente. El oleaje hacía que el barco impotente pareciese de papel subiendo y bajando al ritmo caprichoso del mar. Estábamos a su merced. Una de las embestidas del océano me lanzo contra una esquina de la embarcaciónn y milagrosamente pude sujetarme en uno de los palos en donde se ataban los cabos. Mis amigas gritaban al ver el escenario que se nos caía encima. Mientras tanto, Alejandro agarraba el timón tratando de que el barco continuara su rumbo, que con su balanceo había caído bajo el influjo del poderoso mar. En esos instantes de pavor, una de mis amigas llamada Sandra, gritó a todo pulmón una corta frase que nos heló la sangre. – ¡Un Monstruo!.- y señalando el gigantesco oleaje se puso a llorar.

Alejandro sin perder ni un solo segundo, nos dijo que nos metiéramos en la bodega del navío, lo cual agradecí, ya que soy un mal marinero. Dentro la muchacha no dejaba de lloriquear y decir palabras sueltas que sin embargo, me permitían contextualizar lo que había visto.- monstruo, escamas, serpiente, gigante… – todo ello entre sollozos y tartamudeos que sonaban agónicos y que yo trataba de calmar. El navío se balanceaba violentamente al son del oleaje y yo de vez en cuando miraba por la escotilla para ver que sucedía en el exterior. Y allí sobre el muelle y agarrando el timón se encontraba Alejandro que luchaba contra la tempestad para llevarnos a un lugar seguro. Hay personas que nacen para ser héroes y él era una de ellas.

Olas copia

Al llegar a tierra, supe que había perdido una vida, una nueva oportunidad que me había concedido la providencia para seguir en este mundo. Era tarde y cada uno nos dirigimos a nuestras casas sin hablar lo mas mínimo del asunto. Al día siguiente ya me marchaba para la ciudad y no pude reunirme de nuevo con Alejandro para agradecerle lo que había hecho.

Meses mas tarde y en pleno invierno, volví al pueblo invitado por Tino. Quedamos con Alejandro en una población costera llamada Muros que estaba a unos 20 kilómetros. Deseaba verlo para comentarle lo sucedido en el barco y en particular sobre aquel monstruo que había visto mi amiga en el mar.

Después del verano los turistas se marchan y en el invierno hay muchas menos personas en las calles. Las constantes nubes y las intermitentes lluvias le dan a la costa un toque bucólico, triste, que trasmite la melancolía a los corazones. Durante el recorrido, nos fuimos deteniendo en cada bar y cuando nos reunimos con Alejandro yo estaba demasiado bebido y hablaba con dificultad.

Al verme me espetó. – No pediste permiso.- Y aunque estaba borracho, supe que se refería a su hermana. Al marcharme, había dejado un corazón roto sin saberlo o mas bien sin importarme demasiado.

.- Se lo pedí a ella y me lo dio.- le dije balbuceando patéticamente. Sin mediar otra palabra, me metió un rodillazo entre las piernas que me mando al suelo, en donde me retorcí del dolor durante unos minutos que me resultaron eternos. Se había acabado la pelea, se marchó el campeón. Ko técnico, victoria de Alejandro, con sólo un rasguño en su orgullo y un golpe en su corazón.

El retorno a la casa de Tino fue nebulosa; luces con aureolas sin definir, sonidos alargados difíciles de entender, oscuridad y sopor. Al levantarme estaba completamente avergonzado y comí con un fuerte dolor de cabeza. Por la tarde regresé a la ciudad con la lección bien aprendida, con las hermanas de los amigos no se juega.

Pasó el tiempo y un día recibí una llamada de Tino.

.- ¡Manuel, Alejandro a muerto!.- nuevamente la vida me dio otro golpe.

Cuando estaba haciendo el servicio militar en marina, les encargaron pintar un barco. Uno de sus compañeros estaba en un espacio confinado y los gases de las pinturas hicieron que se desmayara. Alejandro que estaba en un andamio, pudo verlo desde la altura y como os dije, algunos nacen para ser héroes. No dudo ni un segundo en bajar a buscarlo, aun sabiendo que quizás la muerte lo esperaba también en aquel agujero.

Agujero

Ir a su velatorio, fue de los peores momentos de mi vida. A parte del dolor por la perdida de mi amigo, me había dado mas importancia de la que tenía realmente. No sabía que ambiente me esperaría en su casa, era un niño que aun no entendía que para los familiares en esos momentos, el resto del mundo no importa.

Llegue cabizbajo y salude respetuosamente a toda su familia. En Galicia, en muchos sitios no se utilizan los tanatorios y el día anterior al entierro se velan a los muertos en las casas.

Entre en la sala en donde estaba Alejandro dentro de un ataúd. Allí, estaba sentada en una silla la madre totalmente destrozada y fuera de si, lo cual me produjo una gran impresión. Me senté a su lado y por unos segundos pareció cobrar la cordura y me miró con su cara descompuesta por el dolor.

– Gracias por venir.-. Se me puso un nudo en la garganta, era yo el que tenía que dar las gracias.

Después el tiempo pareció detenerse para los demás.

.- Hace unos meses hablamos de ti.-. Se tomó un respiro antes de proseguir .- y ayer soñé con él.-.

Me dio un vuelco el corazón, esa noche ya estaba muerto. Al agarrarme la mano, me pareció que me trasmitía todo su dolor.

Tras una pausa continuo.- Me dijo que tu eras su mejor amigo.-

MANCROW

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