EL FANTASMA DEL CONVENTO DE VITORIA

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Los humanos cometemos errores tan graves, que en algunos casos, hasta el mas allá interviene castigándonos mediante el miedo. O eso es lo que parece que sucede, en un edificio que actualmente alberga una delegación de la Hacienda Pública española en la ciudad de Vitoria en España.

Antiguamente en ese lugar, había un monasterio del siglo XIII perteneciente a la orden de los Franciscanos. Cuentan que incluso fue inaugurado por el mismísimo Francisco de Asís, creador de esta orden religiosa.

Su aspecto sobrio y sencillo en el exterior, contrastaba con un interior colosal que poseía un toque lúgubre, que habría sido propicio para realizar una fabulosa película de terror. Era una obra de arte arquitectónica con reminiscencias góticas, que había que conservar. Pero en ese tiempo como ahora, hubo personas que pusieron por delante el dinero al interés cultural de toda la sociedad y derribaron el edificio. Aunque según las autoridades se pretendía hacer hogares económicos, la codicia era el verdadero motor de la demolición. Ganar dinero rápido, con especulaciones inmobiliarias. De todas formas, tras la destrucción del convento y en contra de lo previsto, nada se hizo con el solar en los siguientes 18 años.

Pero todo hace pensar, que la providencia no se olvidó de ese sacrilegio. Algo aterrador se quedo en este mundo, que ya no le pertenecía.

A finales de los años 80, los vigilantes nocturnos tuvieron que sumar a los problemas habituales de aburrimiento, soledad en la noche y miedo a los ruidos nocturnos, diferentes acontecimientos paranormales. Puertas y grifos que se abrían aparentemente solos, objetos que cambiaban de sitio y voces siniestras. A pesar de ser habituales, no fue hasta el año 91 cuando se hicieron públicos. La administración en vez de acallarlos como suele suceder, les dieron credibilidad.

Sería en el año 94 cuando sucedió el echo mas insólito. Durante la guardia de un vigilante nocturno, este, vio que bajaban por la escalera un niño agarrado de la mano de un anciano. El guardia completamente asustado, les advirtió que se fueran, que no tenían que estar allí. Como estos ni se inmutaron, salio rápidamente del edificio, dirección a una comisaría que se encontraba cercana.

Cuando la policía acudió al local, no encontró a ningún niño ni anciano en la delegación de Hacienda. Lo cual era extraño, ya que estaba completamente cerrada y nadie podía salir de allí. Pronto la noticia empezó a correr como la pólvora por la ciudad de Vitoria y mas aun entre los funcionarios del edificio. Como a nadie le gusta tener un fantasma asesino en su trabajo, le quitaron hierro al asunto como se suele decir, a través de una funcionaria ocurrente, que bautizó al niño fantasma llamándole Andresito. El huésped del mas allá, renombró a la delegación de Hacienda, que pronto se hizo popular entre la población como “el edificio de Andresito”.

De todas formas, a la empresa de seguridad, el asunto no le hizo ni una pizca de gracia, ya que nadie quería hacer las rondas de guardia por la noche. Entonces decidió montar un sistema automático de vigilancia mediante cámaras. La leyenda urbana, cuenta que hay múltiples grabaciones de hechos paranormales, pero lo cierto, es que salo salió a la luz pública una de ellas en un programa de televisión, en donde se veía algo que parecía un niño. Los incrédulos, pronto dijeron que había sido un montaje, el hijo de un funcionario con una sabana encima.

El agente de policía Santos, aunque desconfiado, le resultó curioso el caso y se hizo amigo del guardia que había visto a la pareja de espectros. Ante la insistencia del vigilante sobre la veracidad del suceso, el policía decidió grabar el mismo en el edificio. Los resultados lo dejaron sobrecogido. Se escuchaban gritos y quejidos. A partir de entonces, sus compañeros de comisaría, oyentes también del casete de la psicofonia, advertían temerosos, a todo funcionario policial que iba a realizar su trabajo en el edificio.

Posteriormente se realizaron mas psicofonías en la agencia tributaria con resultados sorprendentes, en donde se oía una algarabía propia de un patio de colegio y voces que parecían querer comunicarse. Entrevistadas personas que trabajaban cerca del lugar, atestiguaron que a veces se veía a un niño con un balón que cruzaba paredes, objetos que cambiaban de sitio, hornos de una pastelería cercana que se apagaban misteriosamente y hasta corrientes de aire que impedían moverse.

Aun hoy en día, sigue siendo un gran misterio. Sin embargo al revisar textos antiguos, encontramos datos reveladores. Dicen que en el siglo XIII Doña Berenquela López, que fue una de las benefactoras mas importantes del convento, al realizar su testamento final, dejo la siguiente advertencia: “Que caiga una maldición sobre quien acabase con el templo…”

MANCROW

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