Diana

EL ESPÍRITU DEL DARDO

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Diana

Lo conoció en la academia de policía. Fue un encuentro casual de lo mas convencional, que sin embargo a ellos, les pareció el mas romántico del mundo.

Él era un oficial de narcóticos que quería arreglar el mundo y ella una policía novata que aun no sabía el camino que debía tomar su vida.

Quiso el caprichoso azar, que las clases de derecho penal que ella tanto aborrecía, los uniera de manera indisoluble mucho mas allá de este mundo y de manera inexplicable, como podréis comprobar a lo largo de este relato, quedando demostrado que el amor, no se rige por dimensiones como el espacio y el tiempo.

Un día al abandonar el aula, él se acercó a hablarle y en unos días, aquel pupitre ocupado por un joven que le causaba indiferencia, se convirtió en un trono adueñado por una presencia regia, que ocupaba toda su atención. Después de unos meses de noviazgo, se fueron a vivir juntos y el futuro, parecía no existir sin él.

Pero si peculiar es el azar, también lo es el amor. A veces, cuando crees que lo tienes seguro, perfectamente agarrado a tu vida, sin previo aviso, se te escapa de las manos sin poder remediarlo.

Ella nunca podría sospechar, que aquel beso que le regaló por la mañana en la entrada de su casa, sería el último que le daría.

Cuando le avisaron de la explosión en la avenida 4ª intersección con la 6ª, entre cuyas víctimas estaba David, corrió hacia allí con su motocicleta entre los coches lo mas rápido que pudo, sin importarle si alguno la arrollaba. Al llegar, lo encontró en el suelo, agonizando. Le impresionó verlo envuelto en sangre y al momento, supo que ya nada se podía hacer por él.

  -Te esperaba-, le dijo emocionado al verla.

Después su mirada se perdió en el infinito de tal manera, que parecía meditar lo que le iba a decir a continuación, antes de toser atragantado por su propia sangre. Tiempo después, estuvo segura de que el tiempo se detuvo en ese instante, esperando a que pronunciara sus últimas palabras.

  -Sabía que lo conseguirías- dijo previo a su último estertor.

Después el mundo se apago. El futuro que había imaginado con él, se sumergió en el intangible y difuso mar de los sueños imposibles. Los recuerdos de las miradas que se hacían, sus primeras citas, las reuniones de los viernes por la tarde en el bar de Saúl en donde bebían y jugaban a los dardos, sus fines de semana en la playa, hasta los entrenamientos con sus armas de tiro en donde la puntería de David, sólo era superada por Sebastian, su Comisario en jefe, eran recuerdos en su memoria, que estaban mas nítidos que nunca. Una atormentadora remembranza de lo que había perdido.

Fue así, como cayo en un laberinto de donde no quería, ni podía salir. Se torturaba por no haber tenido la convicción suficiente para que dejara el departamento de narcóticos y se fueran de un país al que hacía tiempo había dejado de ver como suyo. Esos pensamientos, se repetían una y otra vez en su cabeza apresada por una espiral de evocaciones martirizantes, que siempre la conducían al mismo punto de partida.

Durante un mes, estuvo a obscuras, sin recoger ninguna de las cosas de David. Ni su ropa, ni la diana con la que jugaba a los dardos, ni siquiera sus productos de aseo personal. Todo estaba como lo había dejado, tratando de no perder cualquier recuerdo suyo. Encerrada en su casa, como una vampiresa en un ataúd en lo mas hondo de una grita. Solitaria y huidiza de un mundo que ya nada le interesaba.

Y cuando estaba a punto de caer en lo mas profundo del abismo de su infierno interior, tuvo su primer sueño con él.

Esa noche, surgió la onírica escena de la calle en donde lo había encontrado por última vez. Como entonces, yacía en el suelo víctima de la terrible explosión, con sus órganos internos dañados por el efecto de la onda expansiva.

Cuando estaba a punto de llegar a su lado, alguien se puso delante de ella. Era también David, pero con otra vestimenta. En este caso, llevaba el traje que utilizaba en los actos oficiales. Entonces, con una cara de súplica y ternura a la vez, él le dijo:

-Ven a buscarlo amor, tengo que irme.

Se despertó sobresaltada. Jadeando, fue a la cocina a buscar agua que la repusiera. Pero de nuevo se inquietó, había algo en la diana que habitualmente utilizaba David para entrenar. En donde el día anterior estaba vacía, ahora se encontraba clavado un dardo en el número siete.

Se preguntó como había llegado hasta allí, si todos los dardos los había recogido y guardado en una caja colocada al fondo de un armario. Ese acontecimiento tan extraño que le hacia temer por su cordura, le convenció que era el momento de incorporarse de nuevo al trabajo.

Al día siguiente, el comisario en Jefe y sus compañeros, la recibieron con cariño. Toda la mañana estuvo tratando de ordenar los expedientes que estaban atrasados, pequeños casos de poca importancia. Llamó también a un amigo que tenía en la fiscalía, para saber si disponían de alguna prueba sobre el caso de David, pero por el momento nada nuevo habían averiguado. Todo parecía normal, sin embargo, sucedería algo inesperado. Al salir del trabajo, alguien la esperaba, era su compañero Lucas.

  – ¿Tienes unos minutos libres?, tengo algo muy importante que contarte-. Dijo, mientras miraba a ambos lados de la calle, como para comprobar que nadie los escuchaba.

Se dirigieron a una pastelería cercana, que disponía de algunas mesas para los clientes. Allí le contó, que David estaba en una operación especial de narcóticos, algo grande decía su compañero. Estaba en medio de una redada perfectamente organizada de la que sin embargo, algo no salió bien.

 – Fue una trampa, Laura-. Como así se llamaba ella-. Los narcos, ya los estaban esperando-, dijo con apasionamiento antes de continuar. -Alguien los avisó desde dentro- refiriéndose sin duda a la policía .

Después le contó que esa operación, consistía en la captura de unos narcos a los que llevaban días vigilando. Algo sencillo, sólo tendrían que eliminar en el peor de los casos a algún vigilante. Sin embargo, les esperaba un explosivo en la entrada de la casa, que estaba preparado para estallar en el preciso momento en el que llegara David y su equipo. A los narcos los habían avisado para que se escaparan, pero antes, habían dejado un cepo mortal para la policía.

Se fue pensativa a casa, abrumada por no saber como abordar la revelación de su compañero. Se acostó meditando, pero al poco tiempo, el cansancio la pudo y se durmió. Volvió a tener el mismo sueño.

Otra vez se despertó conmocionada. De nuevo, surgió la escena que se encontró el último día que lo vio con vida. Estaba en el suelo con su uniforme de asalto y también ante ella con su traje diciéndole que fuera a buscarlo. ¿Que quería decir todo eso?. Si ese sueño la inquieto, mas se sobrecogería al ver que otra vez había algo en la cocina. Sobre la diana, se encontraba un dardo clavado, en esta ocasión en el número 3.

Pensó que se había vuelto paranoica, pero al llegar al trabajo, tuvo en cuenta esa numeración. Revisó los listados de requisitoriados, es decir, de las personas que están en busca por la policía. Hizo mil combinaciones con los números que habían aparecido en los dardos. Revisó la página 7 del mes que se encontraban y la persona número 3 que aparecía en el listado, el mes 7 en la hoja numero 3 y así múltiples variaciones mas. Todos los resultados que obtenía, eran de personas que no tenían antecedentes penales por posesión o tráfico de drogas. Algo no estaba haciendo bien. Después de pensar un buen rato, se dio cuenta, que quizás la solución estaba en su propia casa.

Al llegar, revisó el traje de David que aun conservaba en el armario. Era igual al del sueño. A pesar de que había vaciado todos los bolsillos, encontró en uno de ello un papel. Era la orla de los compañeros de David de secundaria. Asombrada descubrió que el numero 3 y el 7 correspondían a dos miembros del cuerpo de policía.

Sabía que necesitaba alguna prueba, ya que quizás sólo era pura coincidencia. Llamó a su hermano que trabajaba en el banco mas importante del país, con la intención de que le revisara las cuentas de esas personas. Tras varias protestas de su hermano diciendo que incumpliría el secreto profesional y alguna suplica por parte de Laura, accedió a suministrarle la información.

Ambos policías eran de origen humilde y sin embargo, habían movido mas de 2 millones de dólares en sus cuentas en los últimos años. Demasiado dinero para un salario que apenas alcanzaba para llegar a final de mes. Decidió facilitarle la información a su amigo de la fiscalía, para que abriera una investigación. Así ella, evitaría cualquier problema en la comisaría. A la semana siguiente, ambos agentes estaban detenidos.

A Laura le pareció todo increíble. Esos policías, habían demostrado poca inteligencia al utilizar el dinero con sus propias cuentas bancarias que tenían en el país. Quizás estaban muy seguros de que nadie los descubriría. Pero lo mas fascinante, es que David se había comunicado con ella desde el mas allá, a través de su diana y sus dardos.

Esa noche pudo dormir tranquila, pero a la mañana siguiente, de nuevo un dardo estaba clavado sobre la diana. Esta vez en el centro. Sonrió pensando que él trataba de decirle que había acertado de pleno. Después de agarrar el dardo y colocarlo en su sitio, se puso a realizar tareas domesticas, hasta que le interrumpió el sonido del timbre de la puerta de la casa.

Era Sebastian, el comisario en jefe. Le comentó que pasaba casualmente por allí y decidió visitarla para saber como estaba. Ella le invitó a pasara y a sentarse en un sillón de su salón mientras le preparaba un café. Al llegar a la cocina vio algo que la conmocionó. El dardo que había quitado, de nuevo estaba en el centro de la diana.

Entonces lo entendió todo, esos dos policías no tenían inteligencia suficiente para planear esa trama tan compleja. Alguien de mayor capacidad creo esa organización policial corrupta que colaboraban con los narcotraficantes. Esa persona estaba en el medio de todo, el personaje mas importante, el centro de la diana. Era el comisario el eje de esa siniestra sociedad.

Se dirigió a la habitación lo mas sigilosamente que pudo y en el cajón de la mesita de noche agarró su pistola semiautomática, Walther P99. Camino temblorosa por el pasillo en dirección al salón. Al llegar, apuntó su arma contra el comisario, pero antes de tenerlo en su punto de mira, escuchó el pequeño sonido que emitió el silenciador del arma del comisario. Al instante, sintió que una bala le atravesaba el abdomen como una flecha ardiendo. Su cuerpo convulsionó hacía atrás. Se escuchó un segundo chasquido y noto como un proyectil pasaba rozándole la cabeza antes de impactar contra la pared. Para entonces, pudo levantar de nuevo su arma semiautomática y apretó el gatillo lo mas fuerte que pudo.

Todos los funerales son tristes, pero además este era deshonroso. Casi nadie acudió al cementerio para despedirse del comisario. En cierto modo, todos se sentían engañados por el corrupto jefe de policía.

Esa noche, aun convaleciente por su herida, Laura soñó de nuevo con David. Esta vez, no estaba sobre el suelo, sólo apareció de pie enfundado en su traje. Observó como le esbozaba una sonrisa mientras le decía –Sabía que lo conseguirías-.

A continuación, se giró y empezó a alejarse mientras la miraba. Desapareció finalmente entre una multitud que como él, caminaban por una acera que se perdía en el horizonte.

Esta vez se despertó tranquila. Se dirigió a la cocina para desayunar. Nuevamente sobre la diana, había un dardo. Sin embargo en esta ocasión, no estaba clavado en un número. Simplemente sostenía una flor. Y al acercarse, pudo distinguir que se trataba de una rosa.

MANCROW

Diana

3 comentarios en “EL ESPÍRITU DEL DARDO

    1. Gracias Nati, la recorté muchísimo para no hacerla larguísima, sería una novela. Desarrolle algo su tormento tras su muerte, pero recorté la parte del amor entre ellos. Después, aceleré la trama al final, pero creo que la idea es muy buena. Siempre se me ocurren historias. No sabes lo que me gusta pensarlas y enlazar todo. Un fuerte abrazo, haré mas

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