EL CADAVER QUE NO QUISO HABLAR, EL CONCILIO CADAVÉRICO

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La iglesia católica, esta llena de historias fascinantes, muchas muy misteriosas; papas magos, maquinas parlantes creadas por ellos, incluso una época a cuyos representantes de la iglesia, se les denomina actualmente como los “Papas fornicadores”, sin que con este nombre haga falta que entre en muchos detalles.

Pero la iglesia siempre ha generado controversia y como a los hombres nos gusta mucho simplificar las cosas, clasificándolas en; blanco o negro, bueno o malo, pues resulta que muchas personas llegan a pensar que sólo a causado desgracias. Sin embargo, no es tan fácil llegar a una conclusión. Podría argumentaros cosas a favor y en contra de ella y os daríais cuenta que entre el blanco y el negro, hay muchas tonalidades de grises por el medio. Pensad que es la institución mas antigua del mundo y durante esos dos mil años, ha tenido papas, frailes y sacerdotes buenos y malos, porque al final, no dejan de ser humanos y hasta el momento, no conozco a ninguno perfecto. Algunas veces actuaron con fanatismo, crueldad y avaricia, pero otras muchas lo hicieron con bondad, conservando la democracia en una época oscura de nuestra historia e incluso la cultura y la ciencia que en otras ocasiones habían destruido.

La mayoría de sus representantes actuaron serpenteando entre la política para ganar su influencia e incluso para garantizar su propia supervivencia. Y así ha durado hasta nuestros días.

Sea odiada o amada, no se puede negar que es una parte fundamental para entender lo que somos hoy en día en el mundo occidental y no os lo dice precisamente una persona practicante. Os cuento todo esto, para que entendáis la dimensión de la institución y los riesgos que en muchos casos corrieron sus integrantes, como veremos a continuación.

La época en la que trascurrió esta historia, esta llena de las denominadas invasiones bárbaras, que venían del norte de Europa en dirección al Sur, con el fin de conquistar nuevos territorios para una población en crecimiento. Y Roma era un lugar deseado por todos, como una golosina en un patio de colegio.

En el siglo IX, dos grupos se disputaban el poder de Roma. Uno provenía de Alemania representado por Arnulfo de Carintia y otro era originario de Roma, un noble cuyo nombre era Guido de Spoleto. En medio de esta confrontación, estaba el obispo Formoso, que cuando se coronó papa, recibió la visita de Guido para que lo coronara en el nombre de Dios, como emperador del sacro imperio romano. Formoso por lo que se cuenta, era un buen papa y bastante diplomático, lo cual se había demostrado cuando convirtió a los búlgaros al catolicismo. Como no deseaba tener problemas con el noble y quería evitar que este saqueara Roma, lo nombro emperador. Sin embargo esa circunstancia, no impidió que Guido entrara en ciudad asaltándola y depredándola. Entre lo mucho que robo, se llevaría parte del patrimonio de la iglesia.

Entonces el papa Formoso, pidió ayuda a Arnulfo para que liberara Roma del malvado Guido de Spoleto. Este acudió presto al reclamo del papa y derroto a su oponente al punto de matarlo en la batalla. Posteriormente, rescató a Formoso que había sido hecho prisionero. Como el Papa quedó muy agradecido, corono emperador a Arnulfo.

Pero la viuda de Guido, llamada Agiltrudis, no se olvidaría de Formoso. Lo consideraría su mayor enemigo, odiándolo en la vida y en la muerte, como os daréis cuenta en unas cuantas lineas.

Arnulfo pronto se iría de Roma para perseguir a los ejércitos enemigos entre los que estaba Lamberto, el hijo de Guido, pero en el camino caería enfermo y regresaría a Baviera.

De este modo Formoso quedó solo en Roma y casualmente murió. Posiblemente envenenado.

Tiempo después Lamberto de Spoleto, hijo de Guido y Agiltrudis, tomo de nuevo la ciudad de Roma.

A la muerte de Formoso, le sucedió otro papa llamado Bonifacio VI, que me imagino que no interesaba demasiado, ya que sospechosamente murió a los 15 días de su nombramiento.

El siguiente como no podía ser de otra manera, visto el final de sus predecesores, fue un ferviente partidario de los Spoleto que llamaron Esteban VI. Entonces Agiltrudis, la viuda de Guido, decidió cobrar su venganza. Por fin le haría pagar a Formoso todo lo que había hecho. Debió pensar que la muerte de Formoso, era un dato insignificante, porque obligo al nuevo papa a declarar un concilio en donde se le acusara a Formoso por ocupación indebida del cargo Papal.

Exhumaron su cadáver y lo vistieron con ropajes Papales. A continuación, lo sentaron en una especie de trono para que escuchara las acusaciones y si quería, que argumentara su defensa. Le pusieron a un sacerdote como ayudante, una especie de abogado de oficio, que víctima de arcadas debido a las nauseas provocadas por el pestilente olor que desprendía el pobre papa fallecido, no podía ni hablar para defender a Formoso.

Como os imaginareis, la imagen era dantesca. Las acusaciones, injurias e improperios eran múltiples, sin embargo el papa cadavérico, se mantuvo impasible sin decir ni “mu”, teniendo en cuenta que a duras penas podía sostener su mandíbula que se mantenía abierta, mientras con las orbitas de su ojos vacías, su mirada parecía perderse en el infinito.

Para que veáis lo retorcida que es la mente humana, se le acusó de ocupar dos puestos de obispo, algo que debía estar prohibido, cuando el acusador Esteban VI, había hecho lo mismo. Curiosamente había sido nombrado obispo por el papa que ahora estaba siendo juzgado. Para evitar esta contradicción, el muy listo, solicitó que se le anularan todas las ordenes Papales, entre ellas la de su propio nombramiento, así el nuevo papa no podría sufrir la misma acusación.

Como os imaginareis, fue considerado culpable. Trataron de borrar todo registro que lo pudiera mantener en la historia y le mutilaron los tres dedos con los que los papas realizan sus bendiciones. Posteriormente, su cuerpo fue arrastrado por unos caballos a lo largo de la ciudad, para finalmente tirarlo como un despojo en un cementerio, en donde la turba esperaba ansiosa por quitar al papa todo lo que tuviera de valor. Por último, por orden de Esteban VI, lo arrojaron al río Tiber.

Aunque todo parecía que había acabado, no fue así, ya que sucedió algo increíble. Posteriormente al juicio al que se denominaría “Concilio Cadabérico”, misteriosamente la residencia papal que estaba en la Basílica de Letrán, se desmoronó, destruyéndose los muros, el altar y toda la estructura del edificio. A la población, no le quedo duda que era un castigo divino por la profanación del cuerpo de Formoso y aguerridos, se dirigieron al nuevo papa para meterlo en prisión, en donde moriría estrangulado.

El sucesor Papal se llamaría Teodoro II. Este debió pensar, que lo mejor era llevarse bien con Formoso para tranquilizar a la plebe. De tal manera, que lo recuperó del río para darle el descanso que se merecía. Cuentan los cronistas de la época, que ante el paso de los restos de Formoso por las calles de la ciudad, hasta las estatuas se inclinaban.

Tiempo después, le siguió un papa un poco mas cuerdo llamado Juan IX, e hizo dos concilios en donde se prohibiría juzgar a un muerto. Total, no iban decir nada en su defensa.

Pero esto no acabaría aquí. Después vino un papa llamado Sergio III, que consideró que el primer Concilio cadavérico no había sido suficiente y volvió a juzgar al esquelético Formoso, que como en la primera vez, mantuvo el mutis durante el juicio. Entendiendo que ese silencio era una muestra tácita de aprobación de todo lo que se le acusaba, fue de nuevo declarado culpable y arrojado al Tiber, para según la sentencia “desaparecer de la faz de la tierra”. Pero algo asombroso volvió a suceder, los huesos del papa quedaron enredados en un red de un pescador, que lo conservo hasta la muerte del papa Sergio III, para posteriormente devolverlo al vaticano en donde quedaría hasta nuestros días.

Cuando en 1464 es nombrado Pietro Barbo como nuevo Papa, quiso llamarse Formoso II. Sus consejeros asustados, conocedores de la suerte del primer Formoso, le advirtieron de sus terribles peripecias y que podía ser un mal presagio. ¿Queréis saber lo que pensó el nuevo Papa de esas supersticiones?. Considero, que quizás tampoco era cuestión de tentar la suerte, sólo por un caprichoso nombre. Se terminó llamando Pablo II.

MANCROW

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2 thoughts on “EL CADAVER QUE NO QUISO HABLAR, EL CONCILIO CADAVÉRICO

  1. Definitivamente tema controversial, muy interesante, gracias por compartir la información, estoy de acuerdo contigo en cuanto a que no debemos generalizar opinión., sin duda habrá quienes se sintan particularmente ofendidos, recibe un abrazo Mancrow.

    1. Si, yo trato de ser respetuoso con todas las religiones. La católica lleva 2000 años con nosotros, que se dice enseguida. En su pasado hay luces y sombras, mi intención es contar las cosas curiosas. Espero no haber molestado a nadie. Un fuerte abrazo

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