BOTELLA

EL AMOR EN UNA BOTELLA

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Yo le fallé, estoy seguro de ello, pero él no se dio ni cuenta. Para entonces mi Tío Pepe, se estaba despidiendo de ella. Mi tía tenía una enfermedad, de esas que antes de llevarte a la otra vida, degrada tu cuerpo como si quisiera llevarlo al límite que se puede soportar.

Victoria, como así se llamaba, tampoco tuvo una infancia fácil. Le toco vivir en una época convulsa de España. Su padre era empleado de banca. En una purga política previa a la guerra civil , lo buscaron a su casa y se lo llevaron con su mujer para no volver nunca mas, sin importarle a los verdugos, que dejaban tras de si dos huérfanas. Una de ellas era mi tía.

La vida parecía llevarle directa al sumidero, pero encontró a mi tío. Después vivieron juntos. Él le llevaba a casa todo lo que necesitaba y ella se lo agradecía cuidándolo, no por imposición como le sucedió a muchas mujeres de la época, sino porque quería.

Yo los recuerdo en el porche de su casa, leyendo, compartiendo o mirando al mar. No tuvieron hijos, quizás lo hizo la naturaleza para que estuvieran mas cerca de mi.

No puedo contaros mucho mas. Para mi Pepe y Victoria siempre estuvieron juntos.

Pero algo mas debo deciros sobre ella. Me consideraba, el mas guapo e inteligente del mundo. Creo que salvo a mi tío, no quiso a nadie tanto como a mi. Sin embargo, yo no fui suficientemente valiente para ver en lo que se había convertido cuando la muerte se le aproximaba y decirle que para mi también era la mejor.

Después de su muerte, yo regrese a mi rutina diaria, esa vida que a veces nos hace olvidar lo que realmente es importante.
Pasó el tiempo y fui a verlo. Esperaba encontrarme un hombre abatido por el dolor y la edad, pero me recibió con una sonrisa y con ese carácter positivo que a tantas personas en su vida ha atraído. Siempre me decía: ¿tu crees que por tener 75 años tengo menos ganas de vivir que tu? Algo que nunca discutí, porque me lo demostraba todos los días con su interés por seguir aprendiendo cosas nuevas olvidándose de su edad y de lo que diría la gente.

Sin embargo, un día me dijo algo que contradecía su forma de vivir y me di cuenta lo que sufría por ella. Hablando de literatura, me contó que le gustaba mucho un escritor y que además le recordaba a su situación. Igualmente había perdió a su mujer y que después de su fallecimiento, el literato no tuvo el valor suficiente para quitarse la vida. Eso me conmovió, ya que no sabía que parte era del escritor y cual suya.

Las navidades son muy especiales para nuestra familia, es un buen motivo para vernos todos y disfrutar de la compañía. El 31 de diciembre antes de la cena, fui a visitar a mi tío que vivía a unos 30 kilómetros de Santiago y le dije que viniera conmigo para cenar y que así estaríamos todos juntos. Me insistió en que no quería ir, ni que yo me quedara con él. Por tanto, me ofrecí a hacerle la cena o comprarle algo. Entonces me dijo que sólo precisaba que le llevara a un supermercado ya que todos los 31 cenaba sólo para pensar y que siempre compraba una botella de vino que se llamaba VICTORIA (como su mujer). A mi se me hizo un nudo en la garganta.

Para muchos el vino, es solo un trago, sin saber que cada uno es diferente y que su sabor depende del sol, de la tierra, del Fproceso de crecimiento de la uva y de las manos de quienes la cuidan. Es como la vida misma.

Yo le dije, que me encargaría de traérselo, que no se preocupara, que aunque era tarde y ya poco faltaba para la cena, le llevaría la botella. Salí a toda velocidad y empecé a buscar por todas las tiendas que aun estaban abiertas. La vida no debería ponerte en esa tesitura, tenía que elegir entre estar con toda mi familia en Santiago o llevarle la botella a mi tío. Yo me quede, pero se hizo tarde, todo cerro y no la encontré.

Con la voz entrecortada llamé a mi tío y le dije que no la había por ningún lado y que al día siguiente iría a verlo. El me dijo que no pasaba nada, que no me preocupara, que gracias y que lo pasara bien.

De regreso a casa de mi madre, sólo podía pensar en él. Después llegó la noche y con ella el encuentro con mi familia, me olvidé del contratiempo y disfruté como los demás. En Galicia comemos mucho, pero en esa época mas todavía, casi al borde de la inconsciencia. Y durante y después de la cena se bebe.

En uno de los viajes que hice a la bodega de mi madre para buscar vino, me la encontré allí. Me emocioné, no podía estar en mejor sitio, entre las estanterías parecía encontrarse en el trono de los vinos. En una caja de madera perfectamente rematada ponía VICTORIA.

Llamé a mi tío y le dije: “Tío, ya la encontré, mañana estará contigo”.

MANCROW

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